No es mala suerte, y no se arregla acertando más. Es matemática y psicología.
Aunque la mayoría de ellos así lo siente, no es a razón de la mala suerte, y no se arregla acertando más pronósticos ni «si hubiera entrado ese balón».
La gran mayoría pierde por tres razones que actúan a la vez: el margen que la casa incorpora en cada cuota, una gestión de capital errónea con la que cualquier viento en forma de varianza le derrumbaría a cualquiera el barco, y los sesgos que empujan a apostar por emoción en lugar de por valor.
Una cuota casi nunca refleja la probabilidad real de un suceso. Refleja esa probabilidad en concreto, pero incluyendo un margen a favor del operador.
Si ejemplificamos y suponemos que tal evento es una moneda al aire con posibilidad de 50% cara y 50% cruz, una cuota justa sería 2,00 en cada lado: cualquier apuesta te paga el doble. Pero una casa de apuestas te ofrecerá una cuota de 1,90. Esa diferencia es su beneficio, y la pagas en cada apuesta, ganes o pierdas. Apostando «a ciegas» (asumiendo una buena estrategia de gestión del capital), el margen te desangra poco a poco con total seguridad. Sin esa estrategia, de golpe.
A corto plazo, el azar manda. Puedes apostar fatal y ganar, o apostar de maravilla y perder durante semanas. Ya lo hemos tratado en otra sección de la biblioteca.
Eso engaña a casi todos, y es una razón muy grande por la que el usuario medio pierde. Se dejan llevar por el embaucador que lleva una racha de 3 victorias, y descartan automáticamente al apostador serio que falla 5 seguidas. Hay que tener una buena EGC y aceptar la racha de apuestas perdidas del mismo modo que la de victorias. Y además, son los embaucadores quienes gritan sus rachas a los cuatro vientos mientras ocultan las pérdidas, por lo que terminan teniendo un público mucho mayor, pero de usuarios perdedores (y que jamás han oído hablar de un veto en una casa de apuestas).
Apostamos al equipo del que somos, a la estrella mediática, al «presentimiento» y al «está clarísimo lo que pasará en este partido». Perseguimos las pérdidas doblando para recuperar. Recordamos los aciertos y olvidamos los fallos, dándonos a nosotros mismos una imagen muy sobrevalorada de nuestras propias habilidades.
Todos estos sesgos actúan en una persona sin darse cuenta, las casas de apuestas lo utilizan a su favor y son una de las razones por la cual el usuario medio pierde.
Me gustaría puntualizar en este punto, porque he escuchado testimonios de centenares (igual decenas largas, tampoco los he contado) de jugadores y es una práctica más que habitual.
Es para mí uno de los errores más claros y un principio de «estrategia martingala», y convertirá una racha de apuestas perdidas larga (que todos los profesionales sufren) en la bancarrota, pérdida completa de la inversión y salida inmediata del sector.
Lo contrario: apuesta solo cuando la cuota le da valor esperado positivo, ignora el corto plazo y gestiona su banca para sobrevivir a las rachas. Junta estos conceptos y tienes la fórmula completa para el buen inversor deportivo.
Ya lo complicaremos más adelante, primero lo primero.
¿De verdad pierde casi todo el mundo?
A largo plazo sí, por las razones de arriba. Ganar de forma sostenida es muy difícil y solo está al alcance de unos pocos que tienen la disciplina y destinan el esfuerzo necesario a aprender los conceptos que tocan. Desconfía de quien lo pinte fácil.
¿No basta con saber de deporte?
No. Saber de deporte no te dice si una cuota está bien o mal puesta. Lo que necesitas es entender la probabilidad y la naturaleza de las cuotas/precios.
¿La mala racha significa que lo hago mal?
No necesariamente. Aun con valor positivo, las rachas malas son inevitables y no implican error. Por eso la gestión de banca existe: para que la racha no te deje KO.